EL POST·PARTO

mayo 21, 2018

LA ETAPA MÁS OSCURA A LA QUE ME HE ENFRENTADO.


El ver nacer a un hijo te transforma, estoy plenamente convencida de que ya no eres la misma persona que entró al hospital horas antes. 
Quien habla de hospital habla de parir en casa, con su familia o sola. El parto aleja la persona que fuiste y trae a la nueva. Nace un niño y una mujer nueva dispuesta a todo por esa pequeña persona.

¿Como se puede amar tanto a un ser humano?, es la pregunta que nos hacemos cuando lo tenemos en los brazos. Cuando no queremos que nadie nos moleste, cuando respirar su fragancia plena de vida te invade el corazón de una felicidad que creíste que no existía.


Te habían hablado del amor por los hijos, tu madre te había dicho...ya lo entenderás cuando seas madre, pero tu pasabas, no lo entendías en ese momento. Y de repente lo entiendes todo, cuando el mundo te hace madre entiendes como es posible no imaginarse la vida con esa pequeña persona que es mitad de ti, de tu carne, de su sangre de tu aire.

El nacimiento es un momento de dicha, pases o no un parto malo estas enamorada de ese ser pequeño que te mira y sabe que te conoce. Que no quiere otros brazos que no sean los tuyos, eso que la gente no entiende tu lo sabes. El te necesita y tu lo necesitas a el. 

La estancia en el hospital estas acompañada de enfermeras y familiares y la pasas tal vez demasiado acompañada, pero siempre hay alguien que te puede ayudar, sin embargo llega el momento de irse a casa y la verdadera cara de la maternidad se muestra ante ti.

El post parto es una mezcla de hormonas que luchan en tu interior. El amor por esa persona y el odio por no hacerlo bien. El reclamo constante de ese pequeño al pecho y el cansancio absoluto de las horas sin dormir en mi caso, fueron mermando mi estado físico y mental hasta el declive.

LA LACTANCIA:

En mi caso, tenia claro que intentaría darle el pecho, pero era un desconocimiento para mi, nadie me había dicho que podía salir mal. Yo fui una niña que no me enganche en su día, como mi hermano y en ese caso mi madre no tuvo y no pudo dar el pecho. Ella no podía aconsejarme, simplemente me apoyaba en la decisión.

No tenia gente en mi entorno que me dijera nada. Solo una vez escuche...eso por que no sabes lo que es. Y no, no lo sabia, por que  yo nunca había dado el pecho a nadie. Era madre primeriza.

La subida de leche empezó a darme fiebre, con esto y un pezón invertido que no  facilitaba el enganche de mi pequeña yo me tiraba horas sentada con ella en brazos intentando que comiera.

Usé pezoneras, para intentar facilitarme la labor, pero se acababan cayendo y no  hacían bien el vacío. El tener el pezón todo el día húmedo me hacia que se escociera, y ni el purelan ni otra crema conseguía curar. Y la subida seguir dándome fiebre.

Empecé a no comer, por que no tenia tiempo, mi hija me reclamaba a todas horas. Siempre estaba cansada y ansiosa...¿aquello iba a ser así para siempre? ¿podría descansar en algún momento? ¿Se estaba alimentando mi hija bien?...es cierto que ganaba peso, pero lo estaba yo haciendo bien?
Las preguntas me consumían y cada vez estaba mas y mas cansada. Así estuve aguantando tres semanas. 

Mi enganche era bueno, es decir la adaptación de su boca, pero mi hija tenia esa crisis de crecimiento que te reclama a todas horas y de la que nadie te habla. Y yo, finalmente me rendí con la lactancia, necesitaba salir de ese pozo negro en el que me había metido  y en el que matronas y enfermeras me habían convencido que era lo mejor para ella.
Le compré mi primer bote de leche y empecé con la lactancia mixta que al final duro apenas un par de semanas  hasta que mi leche se marchó y terminó la lactancia para mi.

No me arrepiento de haberlo intentado, pero se que no lo volveré ha hacer, no fue fácil para mi salir de esa ansiedad en la que estaba.

La salida de la lactancia me facilitó  el recuperarme y empezar a ser madre. Seguía teniendo ansiedad e inquietudes, intentaba no estar sola con mi hija pues creía no poder hacerlo bien, no saber como gestionar sus berrinches, que no me aceptara. 
A esto se unió el puerperio de los primeros días, cuando sangras como en una matanza y esos puntos que cada vez duelen mas y con los que no puedes andar ni sentarte bien.

Pero bueno, poco a poco vas saliendo. La maternidad primeriza es dura, muy dura. Tal vez yo no estaba preparada, o quizá nadie te prepara para eso, por que por muchas charlas y preparación al parto a la que fuí no estaba preparada para la que se me vino encima.

Al final lo superé, sabia como atender a mi hija, entenderla con solo mirarla, los sonidos que hacia y por que los hacia. Me convertí en madre completa.

La maternidad es felicidad y tristeza. Yo lloré muchísimo en el postparto, lo recuerdo perfectamente , y poca gente sabia entenderme aunque intentaban consolarme. Pero amiga mía se sale, la depresión post parto esta ahí, a la vuelta de la esquina, yo no llegué a mirarla a los ojos, aunque realmente lo pasé mal, se que hay gente que lo pasa peor. Salí adelante abandonando la lactancia, por mal que suene. con esto no quiero decir que yo este en contra de la lactancia, al contrario. Cada madre alimenta a su bebe como quiere, simplemente a mi no me fui bien y no supe gestionarla, así que tuve que abandonarla antes de entrar en una depresión.

Si me estas leyendo ahora, haz lo que mas te convenga a ti a tu retoño, pues nadie mejor que tu sabe entenderlo y cuando tu cuerpo transmite felicidad, tu bebe lo sabe. El post parto esta ahí, tienes que pasar por el, de ti depende hacerlo de la mejor de las maneras, y siempre intenta buscar compañía y apoyo. Pues sola, es mucho mas difícil salir del bache.

Besos enormes de madre!!


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