ZOE Y LAS PIEDRAS MÁGICAS

abril 09, 2018

CAPITULO 1

LOS BOWINS


Érase una vez, en un lejano lugar de un lejano mundo, existía un pequeño país, al que  los cuentos, las leyendas y los más ancianos habían decidido llamar Cármia.


Y en aquel lugar, entre los valles del sueño, existía una aldea en la que los arboles eran tan grandes que sus pequeños habitantes habían decidido construir sus casas en el interior de ellos.

En la aldea de Ivadara los Bowins habían decidido instalar su hogar desde hacía más de mil años.

El árbol que crecía en aquel lugar se llamaba Bellsherai, y era una especie que solo crecía en algunos puntos de Carmia. Sus hojas eran anchas, sus raíces fuertes, su madera gruesa y su interior hueco, por ello dejaba espacio para construir hermosas casas.

Los Bowins eran una raza pacífica de minúsculos seres que vivían en armonía con la naturaleza.

No alzaban más de unas pulgadas del  suelo, incluso algunos duendes eran más altos que ellos, o eso les habían dicho.

Las leyes de los Bowins eran sencillas, nunca crees problemas a ninguno de tus vecinos, se respetuoso con los demás y siempre siempre se amable.

El consejo de ancianos decidía sobre los asuntos más importantes de la aldea, con el apoyo de los lugareños. Si alguien interrumpía la vida pacifica del lugar, era desterrado. Así los Bowins habían conseguido vivir en una comunidad tranquila y armoniosa.

Había artesanos, y ganaderos; Agricultores y guardianes, cuidadores y recolectores. Los Bowins eran una comunidad que se autoabastecia por si sola. Aunque ello no evitaban que tratasen con otras razas del continente algún que otro trueque, intercambio o venta.

Los Bowins eran seres de costumbres férreas y arraigadas, las mujeres, la mayoría se dedicaban de manera voluntaria al hogar y los hombres cuidaban de sus seres queridos desde el matrimonio hasta el final de sus días.

Cuando  el  varón de hogar elegía esposa y alcanzaba la edad, se le entregaba un escudo de plata sin lema, en el que se grababan los símbolos que los esposos elegían para proteger su casa, y una carcasa de rio.

De esta manera, elegía su hogar en el árbol que se le otorgaba. La carcasa de rio cubría la entrada a modo de tejado para la lluvia y el escudo se insertaba en la madera de la puerta para que todos supieran quien habitaba en aquel árbol.

Así se formaban los emblemas de las casas de los Bowins. El emblema era sagrado y había que respetarlo, jamás se repetía uno. Solo podía heredarse de padres a hijos si así se quería.

Y así fue, como el padre de nuestra protagonista eligió el emblema de su casa.

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