EL PUEBLO DE LA BRUMA

abril 22, 2018

CAPITULO 4

 EL AJUSTE DE CUENTAS

Matt se quedó extrañado durante unos instantes.

-¿Como dice?....

-Yo soy el mar.- Repitió el anciano sin perder la compostura.
Matt se quedó mirándolo, buscando un atisbo de locura. Pero no, ahi seguia sin moverse sosteniendo el vaso de whisky en la mano.

-El mar..¿.El dios del mar?

-Ya te he dicho que he tenido muchos nombres.

-Oh dios mío, esto debe de ser una broma muy pesada.-Se frotó la cara.-He conducido seis malditas horas hasta aquí...hasta este lugar alejado de cualquier mapa, para que un viejo chiflado me diga que es el mar…

-Yo que tu no me faltaria al respeto, te recuerdo que estas en mi casa.

-Esto es un maldito faro abandonado.

-No está abandonado, porque yo vivo aquí, desde antes que tu nacieras. Y mucho menos, está maldito..- Su voz seguía pausada y tranquila.

-Tengo que largarme de este lugar.- Matt se levantó de la silla y se dirigió a la puerta.

-Hace diez meses, dos días y seis minutos, soltaste la mano de tu esposa Sharon en mitad de una tormenta y yo la engullí.-Matt de espaldas al anciano se quedó paralizado y un sudor frío empezó a recorrerle la espalda, se giró lentamente.

-Cómo sabe usted eso…

-Ya te he dicho que se muchas cosas. -Le hizo una seña con la mano para que se sentara frente a él de nuevo.
Matt tembló al sentarse. Parecía que el anciano había crecido en un breve espacio de tiempo, y ahora lo veía más enorme y majestuoso que hacía tan solo unos minutos.

-¿Por qué….-Su voz se quebró.- ¿Porque a ella? .-Si era quien decía que era, ya no había marcha atrás, estaba dispuesto a preguntarle.

-¿Por qué Sharon?...Si no recuerdo mal, tu soltaste su mano.

-¿Está diciendo que yo dejé morir a mi esposa?

-No, estoy diciendo que la última esperanza residía sobre ti. Y el lazo se quebró, Sharon debía saldar su cuenta.
Los ojos de Matt se cristalizaron. Algo ardía como fuego en su interior.

-Sharon no tenía ninguna cuenta que saldar. ¡Ella debería seguir viva ahora!

-Todos teneis algun dia que saldar la cuenta.

-¡Ella no había hecho nada!¡Sharon era una mujer maravillosa….por el amor de dios..!.- dejó caer su cara entre las manos, ¿Como podía estar teniendo semejante conversación con aquel anciano loco?

-¿Acaso sabes quien fué Sharon en sus vidas anteriores?

-Oh dios mio…-Matt se atusó el pelo incrédulo.- No puedo estar haciendo esto ahora mismo..no es posible.

El anciano chasqueó la lengua cansado.

-Mira muchacho, todos vosotros, los humanos que vivís en este mundo, vivís muchas vidas. A veces una detrás de otra, a veces se hace un espacio de tiempo en el que el alma descansa. De alguna de ellas, vuestras maldades salen impunes, y morís tranquilamente cuando con anterioridad habeis roto el equilibrio del mundo.- Mientras hablaba cruzó los dedos sobre la mesa.- Así, que cuando llega el momento, el equilibrio vuelve a su sitio y se salda la cuenta para que el curso de la vida continúe. Sharon, en sus vidas anteriores había cometido terribles actos de maldad. Ya ha saldado su cuenta.

-¿Que actos de maldad?

-Eso es algo que no puedo revelarte.

-¿Cuántas vidas llevo yo?.-Dijo llevándose la mano al pecho.

-Esta es tu segunda vida.- Contestó.

Matt agarró el vaso de whisky y bebió como nunca antes lo había hecho, hasta acabarlo.

-¿Es usted quien me ha traido hasta aqui?

-No.

-Quien ha sido. He estado soñando con este faro durante meses.

-Yo no controlo los sueños de la gente.-Dijo levantando el dedo hacia arriba.-Eso es cosa de otros dioses.

Matt alargó el brazo ofreciéndole el vaso vacío. El anciano lo llenó.

-¿Cuántos años tiene?.

-Los mismos que tiene este mundo.

-Esto es una locura.-Dijo negando con la cabeza.

-A mi me parece que estamos los dos perfectamente cuerdos señor Smith.

-Que hace en este lugar?

-Ver la vida pasar tranquilamente.

-¿Es un dios con forma de humano?

-No podría elegir una forma más absurda.

-Hace unas horas, le vi, en la orilla. Había una mujer con usted. ¿Dónde está ella ahora?

-No pueden estar mucho tiempo fuera del mar.

-¿Era una sirena?

El anciano se recostó sobre la silla.
-Así es como las llamáis hace años, si. Una de mis criaturas.

-Las sirenas no existen…-Una contestación un tanto absurda en aquel momento.

-¿Enserio?...-Los ojos del anciano centellearon a la luz de las velas.-Qué sabrá una minúscula criatura como tú de lo que existe y lo que no. En mi interior hay cosas que ni siquiera podéis imaginar. Jamás llegaréis a conocer el interior del mar, como para saber con certeza lo que es verdad o leyenda.

Mattew se mordió el labio.

-He venido hasta aquí por que algo me ha traído. Estoy buscando algo y no se que es.

-La paciencia es una virtud amigo.- El anciano miró hacia el exterior por la ventana. Fuera el mar rugía y llovía a cántaros.- No tardará mucho en venir.

-¿Quien no tardará?...-Matt lo miró nervioso.

-Lo que has venido a buscar.

Por un instante Matt pensó en Sharon, con su melena rubia y sus ojos esmeralda saliendo del mar de nuevo. Dándole la  mano y volviendo a casa. Pero unos golpes en la puerta lo sacaron de su ensimismamiento. Se sobresaltó y levantó de la silla para abrir la puerta.
Cuando abrió, desde las sombras de la noche emergió aquella mujer extraña que había visto en la playa. La visión lo aterró.

-¡Santo Dios!.-Se llevó la mano al pecho y del susto cayó de espaldas.

-Ella no cree en tu dios.-Le espetó el anciano sin moverse de su silla y dando un buen trago de whisky

-Es...Es…-No pudo hablar.

La Sirena lo miró sin inmutarse. Sus ojos eran unas inmensas cuencas todo pupila que parpadeaban en vertical, como los anfibios., su piel era una masa blanca y brillante de escamas y su melena le caía hasta más abajo de la cintura, una masa inmensa de algas, y algún ser vivo que rondaba entre sus trenzas.
Tenía una cara extraña, pero era hermosa. su nariz eran apenas dos orificios en la cara y tenía los labios carnosos y de un tono violáceo. Las branquias de su cuello se movían con suavidad dejando escapar un ruido suave. Y sus orejas eran enormes membranas escamadas. Tenía piernas, no era como las sirenas que contaban los cuentos. Pero sus piernas tenían dos enormes aletas traseras, en la zona de los gemelos que junto a sus membranas de los dedos le darían una velocidad terrible a nado.

La mujer se agachó para colocarse a su altura y  le extendió los brazos. Llevaba un bulto arropado para protegerlo de la lluvia. Lo destapó con suavidad y un bebé pequeño dormitaba con la mayor serenidad del mundo ajeno a todo lo que estaba pasando.

Matt se quedó sin habla y notó como el corazón aceleraba a tal velocidad que se mareaba.

-Que...quien….

-Cuando Sharon se hundió en el mar estaba embarazada.- La voz del anciano sonó como una puñalada a su espalda.- Este es tu hijo….Él es lo que has venido a buscar.

A Matt se le quebró la cordura en aquel momento. No podía ser, era imposible…
-¿Como puede ser….?.-Sus ojos se llenaron de lágrimas. Quería huir de allí, de aquella pesadilla infernal, sin embargo aquel bebé, de apenas un mes, era una copia exacta de sharon...con su cabello rubio y su piel blanca. con esos pómulos rosados, con esas pequeñas orejas tan bien hechas.

-El no tiene ninguna cuenta que saldar, Señor Smith. Esta es su primera vida...no era justo que me lo llevara. rompería el equilibrio del mundo.- ¿A qué esperas para cogerlo? Él es lo que te ha traido hasta aqui.
Matt alargó los brazos hasta la sirena y esta le entregó al pequeño con suavidad, su piel estaba fría como el hielo. Se plantó y miró al anciano. Este le dijo algo, en un idioma incomprensible, mitad burbujeo mitad silbido, ella inclinó la cabeza y se marchó, cerrando la puerta tras de sí.
Matt se plantó con el niño en brazos sin poder dejar de mirarle. Las lágrimas se escapaban por sus ojos sin control.

-¿Cómo es posible...cómo ha sobrevivido a la muerte de Sharon?..¿La mantuvo viva?

-No, ella murió en ese momento.

-Pero es imposible.

-Señor smith, estoy cansado de escuchar la palabra imposible por esta noche. Si es tan amable, ya tiene lo que ha venido a buscar. Su vida vuelve a tener sentido otra vez...por favor...puede marcharse de mi casa.

-No entiendo nada.

-Los humanos dejasteis de entender hace ya muchos años señor Smith. En este mundo hay cosas que son inexplicables para vosotros, lo místico y lo sobrenatural existe pero vosotros ya lo habéis olvidado. Le habeis perdido el respeto al tiempo, a la vida y a la naturaleza. Y nosotros, seguimos estando ahí. Estamos desde el principio del mundo y lo estaremos cuando os marchéis y dejéis paso a una nueva especie, quizá más inteligente que vosotros. Ahora por favor..-Levantó la mano y le indicó la puerta.

-¿Y si lo cuento todo?...Soy escritor.

El anciano guardó el Whisky en el armario.
-¿De verdad crees que alguien te creería?, No...no lo harás.-Miró al bebé en sus brazos.- Hay más dioses como yo, dispuestos a hacerte saldar la cuenta, en el momento en que surques la línea. Dale una buena vida a ese muchacho y no vuelvas por aquí nunca más. Si no te importa...estoy esperando otra visita.
Matt no dijo nada más, se dirigió hacia la puerta y la abrió para salir. No se dió la vuelta. Abrazó a su hijo con fuerza y la puerta del faro se cerró a sus espaldas, devolviéndole la respiración que por momentos se había marchado. Se dirigió al coche caminando por la playa, cuando la luna lentamente se marchaba para dejar paso al dia de nuevo.

A lo lejos una mujer mayor caminaba en dirección al faro, no lo miró...simplemente siguió andando hasta llegar a la puerta, tocar y adentrarse. Ella era la visita...alguien como él, dispuesta a ajustar cuentas con el mar.
Matt miró a su hijo, que empezaba a desperezarse.

-Hola Bastian, soy papa.-Ese era el nombre que él y su mujer habían decidido si algun dia tenian un hijo. Bastian, aquel niño amante de los libros que se había introducido en el mundo de la historia interminable para vivir aventuras.- Vamos a casa.

Y así Mattew Smith regresó a casa, con su hijo en brazos. Así fue como su vida volvió a tener sentido, y como la herida que le había dejado la muerte de su esposa se hacía un poco más pequeña.


Jamás habló de aquel lugar, jamás habló del pueblo o del faro,  jamás mencionó al anciano, que era el Mar, ni a sus criaturas. Los dioses se merecían un respeto y ¿quien era él para quitárselo?


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