EL PUEBLO DE LA BRUMA

abril 20, 2018

CAPITULO 3

EL MAR

Cuando entro en el hostal arrebatado con la mano en el pecho, la mujer del mostrador acababa de ordenar su zona de trabajo.
-Ah señor Smith, llega justo para cenar.-Dijo, cuando levantó la vista vio a Matt tan blanco como la pared mirándola desencajado.- Señor Smith ¿se encuentra bien?
-Quien es…-Se atrevió a decir. O más bien, consiguió balbucear buscando una silla.
-¿Quien es quien?
-El hombre del faro.



La mujer cambió su expresión repentinamente de nuevo.
-No se de que me habla señor Smith.
-¿Quien habita en el faro? Usted dijo que estaba abandonado, sin embargo allí había un anciano..y una mujer, que salio del..
-¡Basta!.-La voz de la mujer se alzó sobre la suya.-¡Nunca hablamos de ese hombre!
-Entonces si que hay alguie.-Matt que había conseguido calmarse se levantó de la silla.-¿Quien es?
-No hablamos de él.
-Por qué.
-Está prohibido.- Su voz era tan firme como su mirada.
-Y la mujer quien es.
-También está prohibido.
-Prohibido por quien.
-Señor Smith.-La mujer dejó escapar un suspiro.-Por favor, coja sus cosas y marchese de este pueblo. Deje el faro tranquilo.
Matt Smith la miró desafiante. No había ido a aquel lugar perdido de la mano de dios para nada. Apretó los puños y sin pensarlo más salió del hostal en dirección al coche otra vez.
-¡Señor Smith!.-La voz a lo lejos de la mujer de hostal no lo detuvo. Arrancó y fué de nuevo en dirección al faro  acelerando al salir.
Empezó a llover cuando Matt llegó de nuevo a aquel oscuro lugar. El mar se oía de fondo y la luna era una enorme esfera luminosa en un firmamento plagado de estrellas titilantes.
No había nadie en esa cala, sin embargo a lo lejos, el faro tenía luz en su interior. Matt hizo de tripas corazón y bajó hasta colocarse frente a la puerta.
Si había alguien dentro, sería brusco intentar abrir, así que optó por tocar. Su mano no llegó a posarse sobre la madera. La puerta crujió y se abrió lentamente chirriando dejando ver su interior.
Era una estancia pequeña,  una cocina antigua, de la cual las termitas y el polvo había hecho su hogar. Olía a viejo, a antiguo y a wisky. En el centro de la mesa con solo dos sillas había velas encendidas, era la única iluminación de la estancia.
-Es de mala educación no pasar.
Matt se sobresaltó, al fondo de la sala, una figura encorvada manipulaba alguna cosa que no llegó a ver. Dio un paso al frente y pasó cerrando la puerta tras el. El sonido de mar cesó, en aquel lugar hermético. El anciano se dejó ver a la luz de las velas, estaba cosiendo redes.
Era un hombre delgado, con barba blanca y piel desgastada. Las arrugas que cubrían sus ojos impedían ver el color del iris, pero Matt podría jurar que eran de un azul claro, casi blanco.
El anciano no cesó en su quehacer.
-¿Y bien?,.-Preguntó sin levantar la vista.
-¿Que?.-Matt no supo qué decir.
-¿Como que, que..? Eres tu el que ha venido a mi casa…¿que te trae por aquí...señor Smith?
Matt sintió que el corazón se le aceleraba.
-¿Cómo sabe mi nombre?
-Yo se muchas cosas, demasiadas diría yo. Se que has venido aquí, por culpa de un sueño, ¿Estoy en lo cierto?
-¿Que es este lugar?
-Un faro.-Respondió el anciano con suavidad.
-En el pueblo me dijeron que estaba abandonado. ¿Por que esta usted aqui?
El anciano dejó escapar un suspiro cansado y se levantó lentamente de la pequeña butaca donde estaba sentado. Sus huesos crujieron al moverse.
- ¿Esas son todas las preguntas que vas ha hacerme?....Menuda estupidez.-Abrió uno de los armarios corroídos y sacó una botella de whisky turbia por el polvo que llevaba encima y dos vasos.- Toma asiento si quieres beber algo.
Matt oteo a aquel extraño anciano, parecía tener cientos de años, pero ya le habían dicho que la vida de un marinero era dura y desgastaba al ser que la llevaba a cabo. Si es que era marinero. Llevaba botas de agua y un pantalón de felpa gris, una camiseta corroída de un azul marino verdoso con alguna que otra mancha y extraños tatuajes alrededor de los brazos. Eran indescifrables pues la tinta ya se había fundido con la piel.
Debía de ser un marinero seguro, encajaba en el perfil de cualquier descripción de libro.
El joven se sentó en una de las sillas. El anciano se sentó frente a él y sirvió dos vasos de whisky sin hielo alguno.
-¿Y Bien?...¿Qué has venido a buscar aquí, señor Smith?
-No lo se, ni siquiera se por que estoy sentado hablando con usted.
El anciano dejó escapar una risa extraña.
-Pues vaya un comienzo.
-Si me dijeron que el faro estaba abandonado, que hace usted aquí.-Fue lo único que se lo ocurrió decir.
-Yo vivo aquí, así que como ves  no esta abandonado.
Bebió un trago de su whisky sin pestañear.
-¿Quién es usted?
El anciano sonrió.
-Ahí va la pregunta correcta.-Levantó el vaso lentamente y observó el líquido girar alrededor del vidrio haciendo ondas.-He tenido muchos nombres, tantos que ni recuerdo ya…-rio en voz baja.
-¿Es usted dios?
-Dios...dice.- Clavó sus ojos azules en Mattew y se inclinó lentamente para contestar.-Yo soy el mar.


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