EL PUEBLO DE LA BRUMA

abril 17, 2018

CAPITULO 2

 EL FARO

Tras seis horas de viaje, el pueblo de Crownwall emergió desde el centro de dos valles , con el mar de fondo. Matt jamás había visto un pueblo así, tan silencioso, tan memorial.

Aparcó su coche en una de sus calles desiertas. Las aceras eran aún de piedra y adoquín antiguo y aun siendo las cuatro del mediodía, había una neblina que cubría el lugar haciéndolo parecer mucho más tarde.
No había un alma, Matt miró su móvil. No tenía ni una sola raya de cobertura.
-Fantástico...hemos viajado en el tiempo doscientos años.-Dijo para sus adentros. Se subió el cuello de la gabardina y sacó su bolsa del coche. Hacía frío en aquel lugar, miró a un lado y a otro y vió aparecer a lo lejos un hombre que barría con suavidad el portal de su casa.
Sin pensarlo un instante, se acercó.
El hombre se sorprendió al verlo, parecía que no había visto un humano en años.
-Disculpe.
El hombre agachó la cabeza a modo de saludo.
-Donde puedo encontrar un hotel.-Dijo amablemente.
El hombre, que llevaba puesta una boina de cuadros relajó los hombros ante la pregunta.
-Puede cruzar esa calle, y llegará a la plaza del reloj, allí está el hostal de Dolores.
-Muy amable señor,-Matt levantó una mano a modo de adiós y se dispuso a marcharse.
-Con dios muchacho.-Dijo el hombre levantando su gorra. Y sin más quehacer siguió barriendo.
El hostal, más que hostal, era una casa vieja situada en la plaza del reloj.
Una pequeña plaza rodeada de arcos en la que si parecía haber vida. Gente en las terrazas, mujeres hablando en los rincones y algún niño jugando a la pelota.
Matt tocó la campanilla del mostrador y al instante una mujer alta y huesuda, ataviada con un vestido granate de terciopelo le mostró una gran sonrisa.
-Buenos días joven. ¿En qué puedo ayudarle?
-Buenos dias, quisiera rentar una habitación.
-Claro que si, -La mujer agarró una de las llaves que tenía a su espalda y salió del mostrador.-Servimos el desayuno de 9 a 10 , la comida es a la 1 del mediodía y la cena a las 9. Comentó mientras avanzaba por un pasillo lleno de puertas, no se escuchaba ruido alguno, al parecer había pocos huéspedes.-Nos gusta ser puntuales en las comidas, por favor respete el silencio del lugar.
Abrió la puerta de la habitación.
-Espero que esté cómodo durante su estancia, no dude en pedir lo que necesite.
-Muchas gracias, es usted muy amable.- Matt se adentró en su cuarto.
La mujer le devolvió una sonrisa y se marchó.
Matt deshizo su equipaje, no llevaba mucha ropa, no pensaba quedarse mucho tiempo.De echo ni quiera sabia que estaba haciendo en aquel lugar alejado del mundo, que parecia haberse quedado estancado en el tiempo.
Se sentó sobre la cama y pensó en silencio qué hacía allí. ¿De verdad se habia movido por un sueño? Se metió la mano en el bolsillo y sacó su dibujo del faro. El reloj de la pared marcaba las cinco de la tarde cuando salió de la habitación hacia el mostrador.
-Perdone…-La mujer, que leía tranquilamente sentada en una butaca alta levantó la vista por encima de sus gafas cuadradas.-¿Podría decirme por qué dirección está el faro?
Algo cambió en el rostro de la señora, algo que no supo describir.
-¿El faro?...-Dijo extrañada.
-Si, se que hay un faro en este pueblo.
-Si, lo hay…-siguió la mujer.-Pero..¿ por que quiere ir a ese lugar?
-Es simple investigación.-dijo Matt, - Me estoy documentando para una novela.
-¿Es usted periodista?
A Matt se le escapó una risilla nerviosa. Lo cierto es que era periodista de profesión, pero no la ejercía, pues sus libros, que habían sido fenómenos de ventas durante mucho tiempo , lo había hecho dedicarse por completo a la escritura, que era a lo que soñaba dedicarse desde pequeño.
-No señora, soy escritor.
-No le recomiendo ir a ese faro. Está abandonado, y hace mucho frío.- La voz nerviosa de la mujer lo inquietó.-  Será mejor que no.
-Insisto…-Matt la miró desafiante.-Digame como puedo ir al faro.
La mujer suspiró y quitándose las gafas, clavó sus ojos azules curtidos por los años en el.
-Esta bien, pero ya le he avisado de que está abandonado.
Matt salió del hostal en dirección al faro, debía ir en coche, pues era un camino demasiado largo para hacerlo a pie.
Cuando llegó a la playa, el faro se dejó ver a lo lejos. Matt sintió que le daba un vuelco el corazón, era idéntico al que aparecía en sus sueños. Detuvo el coche en medio del paseo desierto y se asomó desde allí a la playa que quedaba bajo sus pies, protegido tan solo por una pequeña valla hecha de piedras que apenas le llegaba a la espinilla.
El faro estaba apagado, como le había dicho la mujer estaría abandonado. El mar estaba en calma y el sol de la tarde se reflejaba entre las olas.
-Como te odio.-Dijo en voz alta Matt. El olor a sal le provocó náuseas y se mareo. No se había acercado al mar desde que Sharon se fue en aquel maldito accidente, y se juró no volver a pisarlo jamás. Sin embargo allí estaba, frente al mar de nuevo. Y ya que estaba allí pensaba averiguar lo que había en aquel extraño faro.
sin dudarlo bajo a la playa y caminó hasta el. Era una cala pequeña, franqueada por un acantilado, y en un espigón se alzaba aquel majestuoso edificio blanco, que el tiempo había carcomido. La puerta parecía una simple madera pegada a la pared, pero por las recias bisagras y el picaporte Matt intentó abrir. Crujió y pareció que iba a partirse, pero no se movió.
Estaba cerrado. Hizo marcha atrás sobre sus pasos con el corazón en un puño, ¿Eso era todo?...¿Un faro abandonado?.
Sus pies se arrastraron por la orilla con los zapatos en mano. Se quedó un tiempo allí, mirando a lo lejos como el sol se marchaba lentamente mientras las olas iban y venían tocando sus dedos.
-Lo siento Sharon...no se que significa.-Y anduvo en dirección al coche por el camino que había bajado a través del acantilado. Se sentó en la valla para colocarse los zapatos cuando el sol se marchaba del lugar para dejar paso a la luna.
Entonces se giró dispuesto a marcharse cuando a lo lejos, en la orilla una figura negra se perfilaba en la oscuridad. Matt se sobresaltó y se quedó paralizado, se dispuso a bajar a todo correr cuando algo le hizo perder el equilibrio y enmudecer.
Desde el centro del mar, una forma femenina bailaba con las olas despacio acercándose a la figura negra de la orilla. Nadaba con suavidad hasta que lentamente su cuerpo emergió y caminó con lentitud. Era una mujer, pero una mujer extraña, su pelo parecía una masa de algas, y sus ropas estaban hechas jirones. Apenas había luz, pero algo brillaba en su piel. Algo había raro en ella….algo místico...algo mágico. La mujer se acercó a la otra figura, que al parecer era un anciano encorvado y pareció susurrarle algo al oído.
Matt no podía creer lo que estaba viendo...quien era ese anciano, que era esa mujer. El estaba allí solo, sobre el acantilado, cuando ambas figuras se giraron y clavaron sus ojos en el.

Fue como una puñalada de hielo, Mattew Smith pocas veces había sentido tanto miedo. No se lo pensó un instante y subiendo al coche arranco y se marchó de aquel faro en dirección al pueblo con el corazón a punto de explotar.

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