EL PUEBLO DE LA BRUMA

abril 16, 2018

CAPITULO 1
LA TORMENTA
Mattew Smith volvió a convulsionarse en la cama, despertando envuelto en sudor y con el corazón desbocado. Se tomó unos minutos para respirar y se llevó la mano al pecho acelerado. Aspiró todo el aire que pudo hasta que le dolieron los pulmones y lo expulsó con suavidad hasta que la serenidad volvió a su ser.



Miró el reloj en la mesita, las tres de la mañana…de nuevo. Otra maldita vez esa pesadilla que lo atormentaba noche tras noche. Otra vez su esposa gritando desesperada, luchando contra las olas, peleando por salir de aquella tormenta enfurecida en mitad del mar, la cual hacía diez meses, ocho horas y veinte minutos se había tragado a su esposa sin dejarla salir y se la había llevado para siempre. Lo que iba a ser un viaje de placer en un pequeño barco alquilado, se había convertido en una pesadilla. Y aquellas nefastas vacaciones, lo devolvieron viudo a la orilla del mar, con una herida en el corazón que jamás lograría curar.
Abrió la mesita y sacó un frasco de tranquilizantes. Esa marabunda de médicos matasanos le había dicho que durmiendo el dolor se le pasaría…si claro, si su mente atormentada le dejaba. Allí al lado del frasco tenía una libreta. Mattew era escritor, y aseguraba que de noche nacían las mejores ideas, así guardaba sus pensamientos en aquellas páginas cuando se le ocurría algo que podía convertirse en un betseller.
Hacía meses que por su cabeza no pasaba otra cosa que sufrimiento y la voz de Sharon, su esposa gritando su nombre antes de ser tragada por la inmensidad. Y al final de cada pesadilla un faro en mitad de la bruma antes de despertar. Una y otra vez ese maldito faro que no había visto jamás. Entonces Mattew, en mitad de la madrugada comenzó a dibujar en su pequeña  libreta ese faro.
A la noche siguiente aquella maldita pesadilla volvió y Mattew, harto de su desvelo se levantó, se vistió y se marchó al único sitio donde tenía permitido el acceso desde hacía años a aquellas horas de la madrugada, La biblioteca del distrito.
Se sentó en centro de la sala, el solo rodeado de libros, respiró ese aire a viejo, a página, a tiempo enfrascado en hojas durante años y respiró con tranquilidad. Recordó a Sharon, diez años atrás, sentada al fondo de aquella misma sala, rodeada de apuntes. Estudiando para entrar en la carrera de medicina.
-Qué suerte tuve de encontrarte.-Se dijo a sí mismo. Sharon era un ángel, o al menos lo más parecido a uno de ellos. De cabello rubio y ojos verdes como esmeraldas. De sonrisa fácil y sueños ligeros. Se enamoró con solo verla, y sin mediar palabra estuvieron intercambiando miradas, hasta que el armado de valor, un buen día de Noviembre se sentó frente a ella y le habló por primera vez.
Mattew dejó caer la cabeza hacia atrás con las manos en los bolsillos, un sonido de papel le despertó de su ensimismamiento. Metió la mano y sacó una nota arrancada de su libreta. Allí estaba su dibujo del faro. ¿Y si aquel faro significaba algo?
No hacía falta mucho para que Mattew se dispusiera a hurgar entre libros. Revisó mapas, guías de viaje y algunos cuadernos de historia. Era como buscar una aguja en un pajar. Pero no se rindió. Encendió un ordenador y buscó en internet. Revisó páginas, blogs y post que pudiesen darle alguna pista, pero no dio resultado.
Cuando la luz del amanecer atravesó las ventanas de aquel lugar la puerta de la biblioteca se abrió de un chasquido y una mujer menuda y regordeta entró canturreando con suavidad. Al ver a Mattew un grito se escapó de su interior.
-Santo Dios!! Matt!! Me has dado un susto de muerte, maldita sea!!.
Mattew levantó la mano agachando la cabeza a modo de disculpa.
-Lo siento mucho Margaret, ya me iba.
-Pero desde cuándo estás aquí…-La mujer se afanaba en dejar su bolso y sus cosas bien emparejadas para ocupar su puesto como portera de aquel lugar.
-Creo que desde las dos de la mañana.
La mujer se santiguó y se acercó a él.
-Como estas cariño..-Para Margaret, Mattew era como un familiar.  Lo había conocido desde bien pequeño cuando su padre lo llevaba a pedir pedir prestado libros. Lo había visto crecer, madurar, conocer a Sharon, y enamorarse perdidamente de ella.
Mattew se encogió de hombros.
-Sigo..-Dijo con suavidad y se levantó de aquella incómoda silla para marcharse.
-¡Anda! ¡Que dibujo tan bueno! ¡Es Crownwall!...¿No?, la mujer agarró el dibujo arrugado del faro.
Mattew la miró asombrado.
-¿Cómo dices?... ¿Conoces ese lugar? ¿Existe?
La mujer lo miró extrañada.
-Es Crownwall, es el pueblo más cercano al mío, donde nací. Está al lado del mar…es un pueblo precioso con ese faro ta…
-¡¡Margaret!!.-Mattew se dejó llevar por el fervor y agarró a la mujer por los hombros.-¡Dime donde es!
-Bien…de…de acuerdo.-La mujer le dio indicaciones exactas de cómo llegar a ese lugar. Serían seis horas de viaje por carretera, y aquellas carreteras no estaban muy reestructuradas desde hacía años.
Mattew llegó a su casa a todo correr, busco la maleta en su armario y echó ropa, como quien echa condimento a las comidas. Agarró su libreta y olvidó sus fármacos. Salió de allí y cerró la puerta de su coche dispuesto a arrancar.

-Debo de estar volviéndome loco.-Se dijo a sí mismo en voz alta, y arrancó el motor.

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2 comentarios

  1. Me has dejado con la intriga... estoy deseando leer el siguiente capítulo. :*

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